jueves, 10 de marzo de 2011

LA LLUVIA EN SEVILLA

Llego a Sevilla invitado por Ballesol para impartir una conferencia sobre cómo hemos pasado en poco tiempo de la “caridad” a la “dependencia”.
Considero Sevilla como una de las urbes más bonitas del mundo por lo que nunca desaprovecho la oportunidad de venir.  En esta ocasión tengo el raro privilegio de llegar a una ciudad encapotada, húmeda y verde tras varios días de lluvia, algo que sólo le añade encanto.
Pero no es el tiempo lo único que encuentro diferente.  Al bajar del avión, todavía dentro del finger, dos burdos carteles de un sindicato anuncian las próximas huelgas en los aeropuertos.  Junto a la salida, otro gran cartel, éste de unos 2 m2 explica que el gobierno nos miente y que habrá huelga contra la privatización de AENA durante Semana Santa, la campaña electoral y las vacaciones de verano.  No piden más dinero sino “mantener un servicio público de calidad” y sus puestos de trabajo.
Como tengo un rato, busco la cafetería para tomarme algo y, cinco minutos después un estruendo de pitidos y gritos llena la terminal.  Un grupo de unas setenta u ochenta personas con banderas rojas rodean la cafetería e incrementan el volumen de los pitidos.  El motivo del jolgorio lo encuentro en otro pasquín pegado con celo a la pared: los empleados de la cafetería están “en lucha” por sus derechos y han decidido usar el pitido como arma.
Me sorprende que la cafetería tenga tantos empelados fuera “en lucha” fuera de turno, pero caigo en que lo más seguro es que los manifestantes no sean empleados sino sindicalistas liberados a los que hoy les tocaba “mani” en el aeropuerto.
Una señora de la mesa de al lado comenta, en un volumen que permite oírla sobre la cacofonía, “vaya imagen, así claro que no vienen turistas”.  Aunque mira alrededor buscando la complicidad de los ocupantes de las otras mesas, nadie responde.  Varios clientes apuran sus consumiciones y se van cansados del ruido, pocos minutos después hago lo mismo y desde la distancia observo el grupo apretado de banderas rojas junto con dos turistas orientales que hacen fotos y comentarios.
No creo que las huelgas vayan a suponer un perjuicio irreparable para España. Si eso fuese así, Francia (la “huelgalandia” del continente) estaría arruinada, pero continua siendo uno de los mayores destinos turísticos del mundo.  Me parece que los turistas huyen de las manifestciones con muertos y bombardeos pero no de las pacíficas aunque molestas pitadas.  El derecho de huelga resulta fundamental  para la convivencia aunque debe modularse con otros derechos con los que pueda entrar en conflicto.
De lo que estoy seguro es de que la huelga de AENA (no la de la cafetería) puede marcar un antes y un después en la aplicación de las reformas estructurales que necesita España.  Un pulso en toda regla con un gobierno que deberá decidir entre recular, descafeinar la medida o mantenerla con gallardía.
Durante los próximos años el gobierno, sea del partido que sea, deberá afrontar reformas en profundidad en campos tan espinosos como la dependencia, las pensiones o la sanidad.  En todos ellos encontrará resistencia por parte de quienes teman empeorar su situación.
Desde la “gris Sevilla” que me toca hoy visitar espero que las medidas que se tomen, se tomen y se mantengan de forma que en un futuro puedan decir de nosotros lo que hoy se dice de Alemania: “Claro que ahora están mejor, es que hicieron los deberes a tiempo”.

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