jueves, 5 de marzo de 2015

ABANDONAR A TUS ANCIANOS EN UNA RESIDENCIA ES PECADO MORTAL ¿ENTENDIDO?

No sé si cuando el colegio cardenalicio eligió como Santo Padre a Jorge Mario Bergoglio, desde entonces Francisco I, supo lo que supondría tener como Papa a alguien tan contaminado por la realidad de la vida como él.

Después de Benedicto XVI, un teólogo que parecía más cómodo en una biblioteca o escribiendo una encíclica que en las labores cotidianas del papado, nos llegó un hombre de acción, que ha visto y tocado las consecuencias de la desigualdad extrema, la corrupción y la injusticia.  Alguien que ha ejercido su ministerio en barrios pobres de Buenos Aires y a quien los pelos de la lengua se le cayeron hace años.

Esa vivencia le ha dado una personalidad y forma de comunicar magnética que atrae a personas que normalmente no sienten ningún interés por la iglesia ni por lo trascendente, pero también le ha convertido en un fenómeno mediático del que se esperan frases altisonantes y llamativas. Como muestra, este botón.


Hace unos meses el Papa ya dijo algo sobre residencias geriátricas como lugares de "eutanasia escondida" añadiendo que las residencias para adultos mayores tienen que ser "pulmones de humanidad" y "santuarios", no "prisiones" de ancianos "olvidados".  A mí me pareció entonces que más que referirse a las residencias de hoy el Papa debía estar pensando en el estereotipo del asilo antiguo y frío que muchos mantienen en la imaginación.

Como soy un convencido de que las residencias, vistas en su conjunto, ofrecen un servicio de calidad y muy necesario; contratan a miles de personas, y sirven para que los más dependientes puedan recibir unas atenciones que sólo con mucha dificultad pueden ser prestadas por familiares en el domicilio; las palabras del Santo Padre me parecieron desafortunadas.  Encontré una contradicción además en el hecho de que miles de residencias geriátricas en todo el mundo sean gestionadas por órdenes religiosas y el Papa dijese esas palabras.  A mi modo de ver, de nuevo en su conjunto, las residencias de monjas están prestando servicios de calidad a personas mayores necesitadas de atención.  No creo que la iglesia católica permitiese que instituciones dependientes de la misma gestionasen "prisiones de ancianos olvidados".  En fin, pensé, un resbalón verbal.

Pasado un tiempo y tras unas nuevas palabras polémicas, empiezo a pensar que el Papa debe tener algo contra las residencias.   El motivo es un texto difundido por el Vaticano, correspondiente a una catequesis sobre el trato de la sociedad a los ancianos, que aquí se podéis leer íntegramente (recomiendo hacerlo para evitar que pueda parecer que tergiverso o saco de contexto las palabras).

Yo recuerdo cuando visitaba asilos hablaba con cada uno y muchas veces escuché esto. ‘¿Cómo está usted?’ ‘Bien, bien’ ‘¿Y sus hijos, cuántos tiene? ‘Muchos, muchos’. ‘¿Vienen a visitarla?’ ‘Sí, sí, siempre, siempre, vienen’. ‘¿Cuándo vinieron la última vez?’ Y así, la anciana, recuerdo una especialmente, decía ‘en Navidad’. Estábamos en agosto. Ocho meses sin ser visitada por los hijos. Ocho meses abandonada. Esto se llama pecado mortal. ¿Entendido?


Sencillamente, no me gusta que el Santo Padre vincule el abandono de ancianos y las residencias geriátricas.

Hablar de abandono de ancianos como un pecado lo puedo encontrar dentro de la lógica cristiana, centrarse en las residencias no.

Quizás el hijo que no iba a ver a su madre pagaba de su bolsillo la residencia con gran sacrificio. Quizás habían tenido una mala relación durante toda la vida y el hecho de venir un día al año por Navidad era un progreso sobre la relación que tenían previa al ingreso.  Para mí, en la historia de esa mujer que cuando es preguntada ¿Cómo está? responde "bien, bien", nos faltan cosas. Hay tantos "quizás" posibles que me parece un poco simplista decir: Esto se llama pecado mortal. ¿Entendido? Lo siento, yo no lo he entendido.

Quienes trabajan en residencias saben lo difícil que resulta entrar en la relación familiar y lo peligroso que es buscar culpables y pecadores en una situación que se ha  generado a lo largo de la vida.   Aunque los más fácil es buscar un culpable y señalarlo con el dedo, la realidad es más compleja  y los profesionales lo saben.

Esta es otra parte del texto difundido:

Una vez cuando era pequeño, la abuela nos contaba una historia de un abuelo anciano que al comer se ensuciaba porque no podía llevar la cuchara a la boca con la sopa. Y el hijo, o sea el Papa de la familia,  había decidido separarlo de la mesa común. E hizo una mesa en la cocina donde no se veía para que comiera solo, y así, no quedaba mal cuando venían los amigos a comer o cenar. Pocos días después, llegó a casa y encontró a su hijo pequeño jugando con madera, el martillo, los clavos. Y hacía algo. Le dijo, ‘¿qué haces?’ ‘Hago una mesa papá’. ‘¿Una mesa, por qué?’ 'Para tenerla cuando te hagas anciano, y así puedes comer allí'. Los niños tienen más conciencia que nosotros.

¿Diría el Papa que ese nieto que prepara la mesa será un pecador cuando lo que ha visto de niño lo aplique de mayor?. ¿Como había tratado la abuela de la residencia que no recibía visitas a su madre en el pasado? ¿Influiría eso en el pecado mortal cometido por su hijo?  Creo que pueden ser discusiones teológicas pero que no nos ayudan si la preocupación es la atención a la tercera edad.

Tenemos que hablar mucho sobre el  cuidado a las personas mayores.  Estoy convencido de que seremos más productivos si no metemos al "pecado mortal" en un contexto tan complejo.

No digo en absoluto que el Papa se calle.  Estoy totalmente de acuerdo con que hable de la necesidad de respetar a los ancianos, de que la sociedad en su conjunto les debe su mera existencia y que las religiones organizadas tienen un papel a jugar.  Lo que no sé es si el dedo acusador ayudará a alcanzar la meta que se persigue.

Como yo no soy Papa y él sí, acepto que puedo estar equivocado. No tengo sus conocimientos ni su experiencia. Sin embargo,  como simple persona de a pié, cada vez me cuesta más ver en el hombre "de los puñetazos a quien ofende a su madre" y que condena al infierno (eso es el pecado mortal) a unos hijos por  no ir a visitar a su madre en la residencia, al representante de Jesús en la tierra. Veo más al San Pedro que saca la espada y corta la oreja al romano que venía a detener a Jesús.  Pero, ¿no acabo siendo San Pedro el primer Papa pocos días después del incidente?  Pues eso.